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INCIDENTE: Iglesias o cuarteles


Los párrocos de Cristo Rey lograron un entendimiento pacífico con los tomistas.

Iglesia Cristo Rey fue refugio a la fuerza

 

Más de 400 personas ocuparon durante 11 días el templo del 23 de Enero por imposición de los colectivos. El párroco inicialmente se negó. En Lara, 352 damnificados, que viven en 5 albergues, esperan por viviendas.

El 30 de noviembre hubo tensión en la iglesia Cristo Rey del 23 de Enero. Integrantes de colectivos de la zona pidieron el templo para alojar a los damnificados. El párroco dijo que no, que ese lugar no podía ser un refugio porque no tenía las condiciones necesarias. De todos modos, entraron.

En el lugar se hospedaron 450 personas por 11 días. El sábado, la iglesia se quedó vacía porque llevaron a los afectados por las lluvias a refugios cercanos. Ayer, todavía estaban en la capilla los baños portátiles y una carpa.

Uno de los roces se presentó, al parecer, por un malentendido. Un miembro de uno de los colectivos dijo que el altar era “caca”. El párroco, que es peruano, interpretó la frase como una ofensa. Entonces, hubo discusiones. Después, otros sacerdotes le explicaron al párroco el verdadero sentido de ese comentario, y se tranquilizó.

Los días siguientes el sacerdote siguió con sus actividades.

El oficio de las misas se retomó cuatro días después, con los refugiados dentro. El ambiente tenso continuó. Los colectivos querían tomar otras áreas.

Finalmente, ocuparon el salón parroquial, en el que se encuentran actualmente 20 personas.

También utilizan el espacio del dispensario para guardar los alimentos.

José Arias, conocido como padre Coro, trabaja en esa iglesia y tiene una buena relación con los colectivos. Dijo que después de ese primer incidente se lograron acuerdos y trabajaron juntos. “No hay que condenar a esas organizaciones. Ellos se dedicaron a ayudar a estas personas. Su imagen es violenta, pero nosotros nos hemos ido haciendo amigos. Después de que las personas salieron, ayudaron al párroco a reorganizar los bancos. Durante el tiempo que estuvieron aquí hicieron jornadas de limpieza”, afirmó.

En la iglesia de La Cañada, también en el 23 de Enero, había damnificados que ya se retiraron. En los próximos días podrían llegar otros huéspedes. En la iglesia La Asunción, los colectivos exigieron hace 15 días que albergaran damnificados, pero no concretaron la toma.

Las lecciones. Arias dice que la situación en la iglesia Cristo Rey les enseñó un par de cosas. Una, que son necesarios el diálogo y la comprensión. Dos, que hay que prepararse para los desastres. Las iglesias o escuelas no tienen todas las comodidades para alojar personas, y por eso cada parroquia debe tener sitios especiales para ese fin.

Janeth Márquez, directora de Cáritas de Venezuela, organización que ejecuta las acciones sociales de la Iglesia Católica, dijo que, en efecto, los templos pueden servir para atender la emergencia en lo inmediato, pero deben buscarse otros sitios más aptos.

Hasta el momento, siete iglesias en todo el país, sobre todo capillas, sirven de albergue.

Márquez supo de los casos en que hubo violencia, pero considera que son aislados.

“No es necesario acudir violentamente. Si requieren el lugar, sólo deben pedirlo. Nosotros lo damos, pero esperamos que la Iglesia los pueda coordinar”.

Siete templos caraqueños albergaron a los afectados por las lluvias

Iglesia Cristo Rey fue refugio a la fuerza
Colectivos del 23 de Enero tomaron la capilla para alojar a 450 damnificados por 11 días

El 30 de noviembre hubo tensión en la iglesia Cristo Rey del 23 de Enero. Integrantes de colectivos de la zona pidieron el templo para alojar a los damnificados. El párroco dijo que no, que ese lugar no podía ser un refugio porque no tenía las condiciones necesarias. De todos modos, entraron.

En el lugar se hospedaron 450 personas por 11 días. El sábado, la iglesia se quedó vacía porque llevaron a los afectados por las lluvias a refugios cercanos. Ayer, todavía estaban en la capilla los baños portátiles y una carpa.

Uno de los roces se presentó, al parecer, por un malentendido. Un miembro de uno de los colectivos dijo que el altar era “caca”. El párroco, que es peruano, interpretó la frase como una ofensa. Entonces, hubo discusiones. Después, otros sacerdotes le explicaron al párroco el verdadero sentido de ese comentario, y se tranquilizó.

Los días siguientes el sacerdote siguió con sus actividades.

El oficio de las misas se retomó cuatro días después, con los refugiados dentro. El ambiente tenso continuó. Los colectivos querían tomar otras áreas.

Finalmente, ocuparon el salón parroquial, en el que se encuentran actualmente 20 personas.

También utilizan el espacio del dispensario para guardar los alimentos.

José Arias, conocido como padre Coro, trabaja en esa iglesia y tiene una buena relación con los colectivos. Dijo que después de ese primer incidente se lograron acuerdos y trabajaron juntos. “No hay que condenar a esas organizaciones. Ellos se dedicaron a ayudar a estas personas. Su imagen es violenta, pero nosotros nos hemos ido haciendo amigos. Después de que las personas salieron, ayudaron al párroco a reorganizar los bancos. Durante el tiempo que estuvieron aquí hicieron jornadas de limpieza”, afirmó.

En la iglesia de La Cañada, también en el 23 de Enero, había damnificados que ya se retiraron. En los próximos días podrían llegar otros huéspedes. En la iglesia La Asunción, los colectivos exigieron hace 15 días que albergaran damnificados, pero no concretaron la toma.

Las lecciones. Arias dice que la situación en la iglesia Cristo Rey les enseñó un par de cosas. Una, que son necesarios el diálogo y la comprensión. Dos, que hay que prepararse para los desastres. Las iglesias o escuelas no tienen todas las comodidades para alojar personas, y por eso cada parroquia debe tener sitios especiales para ese fin.

Janeth Márquez, directora de Cáritas de Venezuela, organización que ejecuta las acciones sociales de la Iglesia Católica, dijo que, en efecto, los templos pueden servir para atender la emergencia en lo inmediato, pero deben buscarse otros sitios más aptos.

Hasta el momento, siete iglesias en todo el país, sobre todo capillas, sirven de albergue.

Márquez supo de los casos en que hubo violencia, pero considera que son aislados.

“No es necesario acudir violentamente. Si requieren el lugar, sólo deben pedirlo. Nosotros lo damos, pero esperamos que la Iglesia los pueda coordinar”.


ARIANA GUEVARA GÓMEZ
arguevara@el-nacional.com
Iglesia | Política
EL NACIONAL

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