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PEDRO LLORENS: Síndrome Mubarak en Miraflores


La Mosca en la Oreja…

 

El señor comandante en jefe presidente, líder de los cuatro meones del samán de Güere, héroe del Museo Militar, celebró su fracaso como golpista (4-F) con síndrome de pánico, propio del maníaco depresivo (perdonen psiquiatras y psicólogos por meterme en su terreno) que lo sacó de circulación por varios días.

En algo habrá contribuido el “¡vete, vete!” (debe sonarle familiar) que gritaban los egipcios en las calles de El Cairo, con eco en la Casa Blanca, en la Unión Europea y buena parte de todo el mundo, con fuerza parecida (multiplicada) a la de aquel 11A, cuando, según el general Vásquez Velasco, comandante del Ejército, “el Presidente abandonó su puesto de comando que era Miraflores y se presentó en el Comando del Ejército pidiendo un avión para ir a Cuba” con manifiesto síndrome de pánico. La gigantesca manifestación que avanzó hacia el palacio lo hizo escapar a Fuerte Tiuna, poner rodillas en tierra (las dos), y moquear la sotana a monseñor Baltazar Porras, presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, dispuesto a renunciar a cambio…

El repentino estallido de una población sometida durante 30 años por Hosni Mubarak, un militar meritorio, político mediocre, escogido primero para vicepresidente por Anuar el Sadat, luego designado presidente y ratificado 5 veces en procesos nada democráticos, debió haberle hecho revivir varios pánicos.

Por su mente habrán pasado desde la muerte de El Sadat (acribillado durante un desfile militar), hasta el “¡Uh, ah, Mubarak ya se va!”, tras unas elecciones parlamentarias ventajistas y amañadas y la intención manifiesta de entregar el poder a un hijo, en medio de una ola de descontentos en el norte de África y otras regiones del planeta, sin excluir América Latina.

El varias veces rendido en frío, reinventado y tutelado por Fidel y Raúl, con oficina de la Ley Habilitante en Cuba, pudo haber pensado en las coincidencias entre el egiptazo y lo que ocurre en el país y en lo difícil que le resultará ganar las elecciones del año próximo por muchas trampas que pueda diseñar su gabinete cubano.

La emboscada tendida a la oposición en la Asamblea Nacional, pese a los torneos de demagogia de los ministros, ha puesto en evidencia que de aquel país, donde mal que bien todos convivíamos, sólo nos queda una canción ranchera: “Cuatro milpas (cultivos de maíz) tan sólo ha quedado de aquel rancho que era mío… de aquella casita tan blanca y bonita en que yo nací… los potreros están sin ganado, toditito se acabó… la cerca de alambre que estaba en el patio también se cayó… las cosechas quedaron perdidas, la laguna se secó… no vuelan palomas, no hay flores ni aromas, los piones y arrieros se fueron, ya nadie quedó”.


Por: PEDRO LLORENS
pllorens@el-nacional.com
Política | Opinión
EL NACIONAL

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