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SEXO SIN TABÚ: A veces el poder fabrica orgasmos




El caso Berlusconi pone
a correr a los sexólogos

 

Distinto del adicto sexual, el poderoso asume sus fantasías, actos libidinosos y prohibidos como normales.

En Italia no se habla últimamente de otro tema que no sea el sexo de Silvio Berlusconi, a sus 72 años de edad, y una moral que hace sonar las alarmas cada vez que pasa frente a cualquier casa de familia. El primer ministro italiano no sólo es investigado por la Fiscalía de Milán y el Congreso, sino que se ha vuelto objeto de estudio de sexólogos. Más que indagar si la adicción al sexo es problema real, se preguntan si el poder en sí mismo exhala una especie de feromona que excita a hombres y mujeres.

“Desde luego que sí”, responde Luis Gil Casanuevas, médico español, que ha opinado en la prensa acerca de los ruidosos bacanales de Il Cavaliere con niñas que podrían ser sus hijas, en noches que incluyen coca y escenas de sadomasoquismo.

Gil Casanuevas asegura que el caso Berlusconi va más allá de lo que se considera adicción al sexo, y de lo cual han dado ya grandes titulares el actor Martin Sheen y el golfista Tiger Woods.

Aunque la adicción sexual es una enfermedad reconocida por la literatura científica, al punto de que la nueva edición del Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM 5) ­biblia de la psiquiatría mundial­ la define clínicamente como trastorno de la hipersexualidad y da las claves para identificarla, en el mundo del hombre con poder existe algo más que deseos de satisfacer su placer. De modo que, como la hipersexualidad es un trastorno obsesivo compulsivo que impide controlar pensamientos y actos, en el poderoso “hay un deseo de dominio, de saberse a gusto, viendo que otros disfrutan de su sexualidad, por las virtudes que dimana su poder”.

Todopoderosos:

Gil Casanuevas parte del principio de que más allá de la virtud de procrear, la sexualidad tiene el don de producir placer, orgasmo, éxtasis. Expande el yo al extremo de que muchos caen rendidos a sus pies. “Con el poder ocurre lo mismo: excita a todos, tanto al que lo detenta como al que toca. Basta con ver al empresario exitoso o al ministro llegar con sus escoltas y mirar las sonrisas embobecidas de quienes le abren la puerta, para sentir el impulso seductor del poderoso”.

Así, la sexualidad del o la líder puede surgir sin límites porque, al despertar su omnipotencia, el yo cree que tiene mayor autoridad y seguridad para dejar salir lo previamente reprimido. El temor o la vergüenza caen ante la relación del propio yo y la imagen de sí mismo engrandecida. “Todo líder emana poder, es casi Dios, y su onda expansiva llega al súbdito, porque el poderoso lo puede todo. Proyecta sus fantasías sexuales y agresivas, deseos de gloria. Asume sus actos libidinosos y prohibidos como normales; eso explica el porqué de la reacción de asombro y malestar de Berlusconi cuando ha sido increpado por la prensa”.

Vivir en Berluscandia:

Para Concita di Gregorio, ex directora del diario comunista L’Unita y autora del libro Un país sin tiempo, la derecha, que ha gobernado casi siempre, ha estado liderada por un hombre y “un sistema de poder extremadamente machista”, que reproduce la mentalidad de los años cincuenta.

“Con Berlusconi, el proceso de igualdad que se había ganado fue interrumpido porque con él llegó el modelo del dinero. Poder igual a dinero, no a sabiduría, a ideas o talento. Un sistema que genera corrupción, que se mide en aspectos exteriores como el lujo y la opulencia. Y el lujo es mujeres bellas y jóvenes. La idea es: Puedo permitirme lo que sea porque lo puedo comprar todo”.

Di Gregorio revela lo que todos en Italia saben: con el poder circulan drogas y mujeres. Pero, ¿qué pasó ahora? Que la persona que está en lo más alto mostró su estilo de vida y lo considera normal. “Berlusconi dice: A mí me gustan las mujeres y las pago. La televisión amplificó y reprodujo el modelo: mujer como complemento del hombre. No me extrañaría que haya personas decentes, honestas, que envidien ese modelo de poder”.

Poder y dominio es un proceso de ida y vuelta. Involucra a quienes lo ejercen y a quienes se someten. Anuncia un conflicto y una paradoja entre la afirmación de sí mismo y la necesidad del otro. “Todos los seres humanos deseamos de una u otra forma atravesar el espejo y llegar donde está el poder, si no lo logramos, como en la lotería, seguimos jugando”, explica Gil Casanuevas.

Es posible:

Quedan en el recuerdo las humillaciones a la que se sometía la madre ­Anna Magnani en Bellísima, de Luchino Visconti­ para buscarle un papel a su hija en el cine. Poder es placer. El filósofo Vittorio Sgarbi lo dijo hace días: “Berlusconi se folla a todas esas chicas en nombre de todos los italianos, y estos se lo agradecen porque para gobernar bien hay que follar bien”. Concepto con el cual quien escribe no está de acuerdo.


Por: ELIZABETH ARAUJO
Salud | Sexo
EL NACIONAL

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