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Venezuela “fábrica de madres”


Venezuela sigue siendo el país con el índice más alto de embarazos a niñas adolescentes.

Todo indica que la mayoria de los
programas sociales han fracasado

 

Sólo 1 de cada 10 jóvenes en el país utiliza métodos anticonceptivos.

Las estadísticas señalan que el promedio en Venezuela es el más alto de América Latina y se sitúa entre 27% y 30%, comparable con países de África.

Madres pueriles: Unos 350 bebés de madres adolescentes nacen en Venezuela diariamente, lo que representa el 23% de los partos registrados en un año. Según la OMS, el país tiene la mayor tasa de embarazos precoces en la región.

Mientras más arriba se sube en los barrios la proporción de embarazos en menores de 19 años de edad aumenta, según la demógrafa Anitza Freitez, de la UCAB, cuyo estudio concluyó que en zonas del municipio Sucre como Caucagüita, Fila de Mariches y La Dolorita; y en Antímano, Macarao y Santa Rosalía, de Libertador, una de cada 3 adolescentes es madre.

Unos 350 niños de los 1.500 que nacen al día en Venezuela son hijos de madres adolescentes, una proporción que causa alarma al gobierno, pero que aún se traduce en pocas acciones para prevenir y frenar el problema en un país con el mayor índice de embarazos precoces de Sudamérica. “Se ha incrementado de manera alarmante el embarazo que llaman precoz. Ese es un tema al que hay que entrarle. Hay demasiadas niñas embarazadas”, dijo recientemente el presidente venezolano, Hugo Chávez.

De 591.000 partos registrados en 2010 en el país, más de 138.000 (23%) fueron de menores de 19 años, según el mandatario. “A nivel gubernamental se expresa una preocupación, pero los planes estatales para prevenir el embarazo precoz no se están implementando”, asegura Mariana Maza, directora de ProSalud. “Hace años se entregaban anticonceptivos y había un presupuesto para promover la planificación familiar, pero ahora no”, se lamenta Maza.

Según el informe de Estadísticas Sanitarias Mundiales 2011 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Venezuela es el país sudamericano con mayor tasa de embarazos precoces, mientras que en los reportes de 2009 y 2010 se ubicaba en tercer lugar, detrás de Ecuador y Colombia.

En maternidades como la de Santa Ana, ubicada en el centro de Caracas, las altas cifras y la preocupación que suscitan se ilustran en pasillos repletos de jóvenes embarazadas o con bebés en brazos, que en muchos casos sólo tienen 15 o 16 años menos que sus madres. “Entre 30% y 40% de los partos de aquí son de adolescentes y hemos atendido hasta a niñas de 12 años. Un gran problema es la falta de prevención antes e incluso después de tener el primer bebé, porque 60% de las muchachas vuelve a quedar embarazada un año después y 80% a los dos años”, explica la ginecóloga Nesma Queipo, que atiende el departamento infanto-juvenil instalado hace un año en Santa Ana.

“Hay varias del liceo que han tenido sus hijos. Es difícil, va a ser más difícil, pero mi mamá no trabaja y me va a ayudar”, dice Ylde Contreras, de 16 años y embarazada de siete meses, al salir de un chequeo médico. En una sociedad matriarcal como la venezolana, Ylde, como la mayoría de las madres adolescentes de bajos recursos, es consciente de que probablemente terminará criando su hijo sola o en una casa donde la ayuda venga siempre de madres y abuelas.

Algunas zonas de la capital superan las tasas de 30% que se registraban hasta hace tres años en estados deprimidos como Apure y Barinas.  D esde el patio de la casa de Milagros se puede ver toda Caucagüita. La panorámica es similar a la de los otros barrios de Caracas: viviendas superpuestas hechas de bloque de arcilla, retazos de madera y techos de zinc, dispuestas en un laberinto comunicado por calles muy estrechas y escaleras casi infinitas.

El paisaje tiene desde hace unos años un elemento distinto, varios tanques de agua azules que colocó el Gobierno como prueba de que los programas sociales sí llegan hasta sitios deprimidos. Pero la casa de Milagros ­situada en el barrio San Isidro, parte alta de la parroquia Caucagüita­ no tiene este decorado azul. Ella busca agua donde sea para preparar los teteros y la comida de sus tres hijos pequeños.

Aprendió a resolver a la fuerza este problema a los 17 años de edad, cuando tuvo su primer hijo; practicó con el segundo al año siguiente y seguió practicando con el tercero, que dio a luz hace dos meses. “Quedé embarazada cuando me puse a vivir con el papá de los niños. Nunca me cuidé porque pensé que eso no me pasaría a mí. Cuando quedé preñada del tercero, mi mamá me dijo ¡ya vas pa’ tres, sácatelo!, pero yo no quise. El padre se fue hace tiempo y ahora tiene otra mujer”.

Tampoco aceptó ligarse las trompas cuando los médicos se lo recomendaron. Le parece que con 20 años de edad está muy joven para mutilar esa parte vital de su feminidad.

Se mudó de nuevo con su mamá cuando tuvo el segundo hijo, que nació con hidrocefalia. Lo bautizó José Gregorio, como el venerable médico trujillano. Entonces comenzó a vender helados en vasito para ayudar a comprar pañales. Su madre ­abuela a los 39 años­ también la tuvo cuando era adolescente y entiende que a esa edad es complicado ser autosuficiente.

La lección forzosa que aprendió Milagros la han tenido que asimilar entre 30% y 40% de las adolescentes de Caucagüita y de otras parroquias del municipio Sucre como Fila de Mariches, Petare, La Dolorita, y del municipio Libertador como Antímano, Macarao, Sucre y Santa Rosalía. Un estudio exhaustivo sobre maternidad temprana elaborado por el equipo de Anitza Freitez, demógrafa del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB, revela que en estas zonas del área metropolitana una de cada tres adolescentes ya es madre. “Nuestras investigaciones indican que mientras más arriba se sube en los barrios la proporción de embarazos de menores de 19 años de edad va aumentando”.

Industria de niñas-madre:

En la calle donde habita Milagros vive al menos una docena de muchachas que comenzó a amamantar sin haber cumplido la mayoría de edad. Cuando no cargan a los hijos en brazos o los llevan de la mano porque apenas empiezan a caminar, entonces se les ve barrigonas deambulando por el barrio.

Cada una tiene una historia similar y ninguna se sorprende con anécdotas como la más reciente experiencia de Milagros: parió a su último hijo en el andén del Metro de Chacaíto. El 26 de junio pasado comenzó a sentir los dolores de parto a las 4:00 pm. Junto con su madre tomó la camionetica hasta la estación de Petare; la idea era llegar a tiempo a la Maternidad Concepción Palacios. Cuando el vagón se acercaba a Chacaíto rompió fuente y salieron apresuradas hasta el andén. Eran pasadas las 6:00 pm. “Gritamos para que viniera el muchacho de los tickets. Él llamó a los bomberos. No aguantaba más, así que me arrodillé y pujé al bebé. Pobrecito, le salieron dos chichones porque cayó al piso. La gente me veía. Los de la ambulancia cortaron el cordón y nos llevaron a la Maternidad Santa Ana. Se llama Dilan, pero en el barrio le dicen Dilan Chacaíto”.

Sus vecinas se ríen del cuento y afirman que donde viven no hay ambulatorio ni Barrio Adentro cerca. Dicen que tampoco hay Mercal o comedores populares que funcionen, ni llegan de la alcaldía o de las misiones Madres del Barrio y Niño Jesús (esta última, creada hace ocho meses para atender a embarazadas desfavorecidas, depende directamente del despacho de la Presidencía).

Venezuela, según reportes nacionales e internacionales, es desde hace más de seis años el país con el índice de embarazos adolescentes más alto en América Latina.

La nación es, en otras palabras, una fábrica de madres muy jóvenes, casi niñas. Y Caucagüita, una de sus principales sucursales.

Lo que sucede en este sector habitado por 59.000 personas (más de 11.000 de entre 15 y 19 años de edad), que está ubicado a 15 minutos de Petare, se repite en estados como Apure, Barinas, Guárico, Delta Amacuro, Amazonas y Portuguesa, las regiones con tasas de maternidad adolescente superiores a 27%.

El promedio nacional, según cifras del Ministerio de Salud de 2007 es de 23,7%, mientras que entes internacionales como el Centro Latinoamericano Salud y Mujer y la Organización Iberoamericana de Juventud sitúan el índice venezolano entre 27% y 30%.

La demógrafa Freitez compara estos niveles con los que se registran en países de África como Liberia, Níger, Sierra Leona y Uganda.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística indican que entre 1990 y 2001 la tasa aumentó de 13% a 15%, mientras que en la última década subió más de 10 puntos porcentuales.

Sin asombro:

Una de las vecinas de Milagros, Juriani, quedó encinta a los 16 años de edad.

Ella asegura que hace seis o siete años todos se asombraban cuando una muchacha joven se embarazaba. “Ahora es normal. Cuando aparece una barrigona, la gente dice que más bien había tardado mucho. En el barrio es rarísimo la que no se vaya temprano a vivir con un novio. Yo lo hice por curiosidad, nadie me obligó.

Uno cree que buscando marido soluciona los problemas y no es así”.

Señala que otra vecina tiene 13 años de edad “y está preñada de cuatro meses”, para ilustrar lo precoces que son en el inicio de la actividad sexual.

Los informes del Celsam y de la OIJ destacan que la edad de inicio ha bajado de 14 a 12 años en un quinquenio.

Aunque la mayoría conoce cómo protegerse, 62% de los jóvenes de entre 15 y 19 años de edad no usa ningún método anticonceptivo. “Lo que sucede es que uno se la pasa de fiesta en fiesta y se olvida de cuidarse o no tiene para comprar pastillas o condones”, afirma Rosa, otra vecina de Caucagüita que tuvo el primero de sus tres hijos a los 16 años de edad.

“A lo mejor la causa es el pollo de Mercal, que tiene muchas hormonas”, bromea su hermano José, uno de los pocos hombres de este barrio que se responsabilizó por la paternidad cuando aún era un adolescente. Embarazó a su novia de 15 años de edad (él era tres años mayor) y se quedaron juntos para educar a los cinco hijos que han tenido desde 1998.

“La culpa la tienen los padres porque dejan que sus niños anden solos por ahí”, agrega José. “Los chamitos de 15 años andan ahora con pistolas y a las chicas les da emoción que las vean empatadas con un malandro. A la mayoría de los jóvenes que tienen dos y tres hijos regados no les gusta trabajar y tampoco se hacen responsables. Lo de ellos es dejarle esa carga a la mamá.

Yo le digo a mi hija (de 12 años de edad) que cuando tenga su novio lo traiga para la casa para que conozca a sus padres”.

La madre de José y Rosa también empezó joven: tuvo 10 hijos, de los cuales 6 fueron hembras que se embarazaron siendo adolescentes.

"Mami estoy embarazada", es una frase que por lo general estremece a cualquier padre. Más aún cuando es una adolescente de 15 años, quien entre lágrimas y temerosa del futuro la pronuncia.

El círculo de la deserción:

Los investigadores y funcionarios de instituciones gubernamentales saben de memoria la fórmula del círculo vicioso: a mayor pobreza, mayor deserción escolar y a mayor deserción, mayor pobreza.

El presidente del Instituto Municipal de la Juventud de la Alcaldía de Sucre, Brian Fincheltub, reconoce que el embarazo temprano afecta a casi 40% de las jóvenes de este municipio habitado por 1,6 millones de personas.

El promedio de edad para las primerizas está entre los 16 y 17 años, afirma. “La mayoría de estas madres tiene baja autoestima y problemas nutricionales. Sus hijos también.

Muchas le preparan el tetero con refresco porque no tienen otros recursos”.

Hace año y medio la alcaldía inició un programa de atención ­Chequéate y Progresa­ para ofrecerles técnicas de cuidado materno e infantil. “Les enseñamos cómo preparar una compota con lo que tengan en la nevera”, precisa Fincheltub. También organizan charlas los fines de semana en los barrios del municipio.

Al barrio San Isidro, donde residen Milagros y sus vecinas, todavía no ha llegado este programa. Tampoco están a la mano las misiones sociales o las charlas de educación sexual y entrega de anticonceptivos que promueve el Ministerio de Salud. Pero la ausencia de los talleres no es la verdadera raíz del problema.

Los estudios en la materia hacen énfasis en la estrecha relación entre el nivel educativo y la maternidad adolescente.

“El riesgo de procreación temprana es 3 a 4 veces mayor entre jóvenes que no han tenido acceso a la educación formal, en comparación con las que han superado la escuela básica”, indica Freitez.

Los datos que maneja la Organización Iberoamericana de Juventud complementan esta afirmación: menos de 5% de las muchachas de sectores socioeconómicos con acceso continuo a la educación ha sido madre a los 17 años de edad.

Ni Milagros ni Rosa, tampoco Juriani y Carmen (ella tiene 17 años y su bebé está recién nacido) se graduaron de bachiller. La que más estudió (Juriani) llegó hasta noveno grado y la que menos (Carmen) desertó en quinto grado.

“Dejé la escuela porque eso no era lo mío”, dice Carmen, sin ser consciente de que con su abandono se suma al 31% de madres jóvenes que no sobrepasa la educación básica.

“Los índices de embarazos aumentan cuando tienen menos de seis años de escolaridad. Al desertar, se quedan en la casa, en medio de dinámicas familiares complicadas. Quizás piensen que una salida de ese entorno es buscarse pareja”, analiza Freitez. La investigadora de la UCAB agrega que se conversa sobre prevención del embarazo y educación sexual muy tarde en las escuelas (en octavo grado) y la familia venezolana no está bien preparada para asumir este papel.

La coordinadora del Celsam en Venezuela, Alicia de Córdova, coincide en que la situación se agrava cuando no existe la educación adecuada, formal o familiar. “El deterioro de la estructura familiar alimenta este círculo vicioso y su cadena de consecuencias.

Nuestra meta es promover la educación sexual, llegarle a los jóvenes por cualquier camino para que entiendan que ellos son quienes deciden su futuro”.

La cobertura de planificación familiar en Venezuela, insisten los expertos, siempre ha sido baja y en esta última década no se ha avanzado casi nada.

Las encuestas demográficas indican que 70% de los jóvenes adquiere métodos anticonceptivos directamente en farmacias. ¿Pero qué sucede con casos como el de Milagros, una joven con tres hijos que vende helados en su casa para completar los 200 bolívares que le da su madre cada mes? ¿Cómo ahorra para prevenir un próximo embarazo? ¿Cómo prevenir que los adolescentes de 14 o 15 años de edad de esos barrios se sumen a este círculo? Freitez y Córdova no son muy optimistas: “La posibilidad de salir de la pobreza en un país como el nuestro se hace cada vez más remota. En 20 años no ha habido progreso para garantizar los derechos reproductivos de los adolescentes.

Hasta ahora, sus proyectos de vida están centrados en la maternidad”.

Alarmante: Una de cada cinco adolescentes de bajos estratos en el país, está embrazada.

Ojo con los adolescentes: 

Cuando los padres tienen un hijo adolescente, por lo general caminan en sentido contrario y no debe ser así. “La adolescencia es una etapa para acompañar al hijo y hacerse una evaluación como padre y responsable de la crianza”.

Esta tarea nadie dice que sea fácil, por ello lo mejor es vivirla juntos. “El diálogo es esencial para conocer el proyecto de vida de los hijos y el estilo de vida que tienen”.

Acota que los padres valerosos toman las mejores decisiones, así por dentro sientan otra cosa. “No puedo autorizar situaciones que de antemano sé que podrán generar un problema”.

Padre adolescente:

“Quería demostrar que podía asumirlo”.  ” Tenía 16 años de edad cuando mi novia quedó embarazada. Por supuesto que sabíamos cómo protegernos, pero uno no se preocupaba por eso. Uno está en esa época en la que anda disperso. Es muy normal actuar así en mi generación. También es muy normal ver en un pueblo como éste (Choroní, estado Aragua) chamos de 12 años que empiezan a tener relaciones y es común ver a chamas de 14 y 15 embarazadas. Mi primera reacción fue asumir. Mi papá me enseñó a afrontar la vida con responsabilidad, siempre me dijo que uno no puede desviarse del camino que uno tomó. Él fue muy abierto y desde que yo tenía 8 años ya me hablaba sobre la procreación, me contaba que los indígenas procreaban a los 14 años. Mi mamá también fue muy abierta conmigo.

“Durante el embarazo, por momentos no quería encarar la situación, me iba hasta la cancha a joder con los amigos en lugar de apoyar a mi esposa (en ese momento novia) con la barriga. Me estaba muriendo de miedo, pero luego entendí y lo asumí con felicidad. Quería demostrar que podía asumirlo.

Mi familia lo tomó bien y su apoyo ha sido fundamental.

Trabajaba en la biblioteca virtual del pueblo y toda esa beca era para nuestra bebé.

Seguí estudiando y aunque me costó mucho, logré sacar bachillerato por parasistema.

“Yo sé que el patrón en estos casos es que el hombre huya.

La mayoría deserta porque esta sociedad enseña a evadir una responsabilidad así por el bien personal: todo el mundo te dice que no tengas un hijo joven porque vas a cagar tu vida. Y para el hombre es más fácil desertar que para la mujer, que es quien lleva la mayor carga. Y es más fácil desertar la segunda vez si no tuvo problema cuando huyó del primer embarazo. Pero no culpo a quienes salen corriendo porque entiendo lo difícil que es afrontar esto cuando no se está preparado. Pienso que la culpa es de los padres, pues pocos hablan con sus hijos sobre educación sexual. No hay una comunicación fluida sobre esos temas, quizás porque les da miedo que vayan a tener sexo. Tienen que hablar con los chamos, y más si ellos hacen preguntas. A mi hija que ya tiene 5 años, el gran amor de mi vida, trato de inculcarle esa comunicación desde pequeña. El otro día me preguntó por qué no paraban las industrias que contaminaban el planeta. Ella me pregunta cosas así a cada rato porque sabe que le voy a informar” afirma: Ian Luciano Myerston, 21 años, Choroní (Aragua)


Por: LIZA LÓPEZ V.
lizalopezv@gmail.com
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