GINA MONTANER: Nuestros parientes los babuinos


“No me extraña que los
babuinos sepan leer…”

 

A partir de un experimento que han realizado unos científicos franceses, se ha podido comprobar que estos primates de la sabana africana son capaces de distinguir una palabra escrita de cuatro letras agrupadas al azar. No significa que el babuino pueda leer de un tirón el nuevo ensayo de Mario Vargas Llosa, La civilización del espectáculo, y discutir con el resto de la manada en torno a una fogata las consecuencias de una evolución que, según el Premio Nobel de Literatura, nos ha abocado a la banalización del arte y de la cultura. Pero si los expertos les exigen un poco más a cambio del premio pavloviano de las golosinas, estos cuadrúpedos tan listos podrían dejar en mal lugar a muchos universitarios con títulos.

¿Se han fijado alguna vez en el semblante del babuino? Los monos de la tribu de los papiones tienen la expresión seria y afilada. Su mirada denota cierto grado de agudeza y concentración. Son lo más parecido a nuestros lejanos ancestros, que Darwin reconoció en el árbol genealógico del Origen de las Especies. Me atrevería a asegurar que un babuino podría hacerse pasar por el pariente más primitivo y tosco de mi familia sin desentonar en las reuniones del clan. Además, mientras más uno lee acerca de los papios, más se comprenden sus habilidades cognitivas. Su composición social es muy similar a la nuestra, sólo que estacionada en un escalón asilvestrado del pasado. Antes de que instaláramos en nuestras vidas el dolor de espalda al transformarnos en bípedos y cambiáramos la caza por los hipermercados.

De hecho, los babuinos rara vez trepan a los árboles como Chita y el rabo que hoy en día lucen es puro adorno. La especie que habita en las planicies se desenvuelve en una estructura compleja y jerárquica, en la que el macho adulto ordena y manda, aunque cada cierto tiempo se producen enfrentamientos violentos entre los varones por el dominio del grupo, que pueden derivar en un golpe de estado. O sea, una crisis en el seno de la familia de los papiones puede acabar como las peores previsiones de la Venezuela chavista.

Desafortunadamente, tanto se parecen los babuinos a los humanos, que además de mostrar dotes incipientes para la lectura, también son capaces de violar a las hembras de la tribu o lastimar a sus crías como vulgares maltratadores. Porque estos monos pueden ser feroces y en la selva hasta los leones temen sus sanguinarios ataques. Como el hombre, lo mismo podrían leer un libro que despedazar a su vecino. Sin embargo, similares a sus primos distantes, se sabe que el babuino también puede ser generoso y altruista con los miembros de su entorno.

En suma, los papiones son contradictorios de espíritu y muestran comportamientos cuya complejidad refleja los esbozos de lo que alguna vez fuimos antes de embarcarnos en la azarosa vía del conocimiento intelectual. Un salto que, de acuerdo al pesimista ensayo de Vargas Llosa, podría haber topado con un callejón sin salida, en el que la entronización del espectáculo masificado nos aleja de la distancia que recorrimos hasta desprendernos de nuestros antepasados.

Puede que ese trecho se esté acortando entre nosotros y los papios. Por lo pronto, pueden reconocer palabras en inglés como wind, done, then. Porque, puestos a alfabetizarse, mejor hacerlo en la lengua franca que facilita la comunicación global. Si se esfuerzan un poco más y los científicos continúan premiándolos, los babuinos acabarán por deshacerse de sus rabos para sentarse a leer cómodamente. Llegará el día en que nuestros avezados parientes puedan sumarse a la sobremesa y preguntarnos qué ocurrió con nuestra civilización.


Por: Gina Montaner
@Ginamontaner
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DOMINGO 22 DE ABRIL DE 2012


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