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MEXICO: El ostentoso narco-cementerio de Culiacán




Culiacán, una ciudad
enferma de mafia

 

Las narcotumbas de Sinaloa.

Detrás del cuidador de un opulento camposanto narco.

Desde que el presidente Felipe Calderón declaró la guerra contra el narcotráfico, hace 5 años, el número de tumbas creció de manera exponencial.

Univisión Investiga presenta un ostentoso narco-cementerio, reflejo de una de las ciudades mexicanas que ha sufrido más afectaciones a manos del Cartel de Sinaloa.

¿Imagina Ud. en México un cementerio con mausoleos de dos o tres niveles construidos con mármol, adornos de oro y piedras preciosas? Pues el lugar existe y se llama Jardines de Humaya en Culiacán, Sinaloa, en el noroeste de México.

“El velador”, nuevo documental de la cineasta Natalia Almada, cuenta la historia reciente del cementerio privado “Jardines de Humaya”, en Sinaloa. Cientos de ataúdes y tumbas faraónicas en la ciudad epicentro del narcotráfico. “Es un reflejo de lo que ocurre en mi país”, dijo Almada.

Desde que el presidente Felipe Calderón declaró la guerra contra el narcotráfico, hace 5 años, el número de tumbas creció de manera exponencial. También empezaron a aparecer extravagantes mausoleos con diseños que parecen sacados de las revistas de moda. Estas narco tumbas cuestan alrededor de 200 mil dólares. Almada filmó el continuo trabajo de los obreros levantando grandes construcciones, que serán habitadas por muertos, y la tarea de una grúa que excava cada centímetro del cementerio para colocar las decenas de ataúdes que llegan diariamente.

La ostentación llega a niveles extremos:

Por ejemplo, un mausoleo tiene línea telefónica, y otro cuenta con equipo de sonido y aire acondicionado.

El cementerio es una muestra de la cultura del narcotráfico en el país, le dice a BBC Mundo el periodista Diego Osorno, autor del libro “El Cartel de Sinaloa”.

“Los narcos, si pudieran, se enterraban dentro de una Hummer. Esas tumbas faraónicas son una forma tremenda de cómo ven la vida y la muerte”, explica.
Sinaloa es el estado donde han nacido muchos de los jefes del narcotráfico, y según las autoridades mexicanas es el principal sitio de operaciones del mayor cartel de drogas del país.

En vida Ignacio Coronel, “El Nacho”, y Arturo Beltrán Leyva, el “Jefe de Jefes”, fueron enemigos.

Pero ahora comparten espacio en Jardines de Humaya. Los dos narcotraficantes están sepultados en mausoleos con grandes vitrales que cada semana reciben mantenimiento especializado.

No son los únicos adversarios que comparten destino. En el sitio también se encuentran los restos de personajes que, según las autoridades, fueron sanguinarios mientras vivían.

Un ejemplo es Gonzalo Araujo, quien fuera el jefe de sicarios del Cartel de Sinaloa y que ahora reposa en un mausoleo de dos pisos, con vidrios polarizados y una imagen de Jesucristo de casi dos metros de altura.

Además de imágenes religiosas, en Jardines de Humaya son comunes las fotografías de personas que posan con pistolas o rifles de asalto, la forma como los recuerdan sus familiares.

En la multitud de cúpulas, columnas de cantera y pisos de mármol, aparece un mausoleo adornado con aviones de cristal porque su morador era piloto del narcotráfico, y uno más destaca porque tiene habitaciones alfombradas y con muebles.

Paradójicamente, el cementerio está ubicado a unos kilómetros de barrios pobres de Culiacán, donde viven algunos de sus trabajadores. “Los albañiles que trabajan en el cementerio han construido tumbas más grandes que las casas donde viven”, cuenta Osorno.

Encuentran cabeza humana en la tumba de Beltrán Leyva.

Cerveza y carne asada:

En Sinaloa dicen que la fama de Humaya como cementerio favorito de narcotraficantes se inició a fines de la década de los 80, cuando fue inhumado Lamberto Quintero, un famoso traficante de marihuana sobre quien se escribió uno de los primeros narcocorridos de la historia.

Antes el sitio era utilizado sobre todo por empresarios y agricultores adinerados.

A ese traficante siguió otro, Inés Calderón Quintero, uno de los primeros en introducir cocaína en Estados Unidos. Y en la medida que surgieron las disputas entre carteles de la droga, aumentó la demanda de espacios en el camposanto.

Con la ola de violencia que vive el país desde hace cinco años, las inhumaciones a todo lujo -con grupos musicales, féretros de maderas preciosas y montañas de flores- han sido frecuentes.

De hecho la administración del cementerio ordenó preparar decenas de tumbas para atender cualquier contingencia, dice Osorno.

En estos días de noviembre, cuando en México se recuerda a los muertos, Jardines de Humaya está lleno de familiares de los difuntos, acompañados con música, cerveza, whisky y carne asada. Un funeral frecuente en Sinaloa.
 

En México un cementerio tiene mausoleos de dos y tres niveles construidos con mármol, adornos de oro y piedras preciosas.

Las narcotumbas de Sinaloa:

Donde los narcos muertos reposan como emperadores y “viven” mejor que los vivos. Es el panteón Jardines de Humaya, donde reposan sicarios y capos, y donde paradójicamente está sepultado el líder de Acción Nacional, Manuel J. Clouthier. Estamos en Culiacán, donde entre militares, fuerzas policiacas, cárteles de la droga y ejecutados, la vida se ha trastornado y si bien parece suspendida, también se siente a punto de estallar.

“El Velador”:

la película más reciente de la cineasta mexicana Natalia Almada, recibió el Premio SICA y una Mención especial del Premio FEISAL en el 26º Festival Internacional de Mar del Plata. El documental acompaña al cuidador de un cementerio cada vez más poblado en las afueras de Culiacán, capital de Sinaloa, corazón del narcotráfico en México. Aunque el nombre de este cementerio privado es Jardines de Humaya, es más conocido como “el camposanto de los narcos”.

Durante su estadía en el Festival de Mar del Plata, Natalia Almada habló con Revista Ñ digital sobre las consecuencias de la guerra contra el narcotráfico en México. “En mi país no hay ninguna propuesta política ni ideológica para terminar con las muertes”, aseguró la directora. “A su vez el mundo está muy dispuesto a decir que a esos narcos, matones, monstruos, hay que quitarles los derechos y hasta matarlos. Pero todos están consumiendo drogas. El dinero del narcotráfico se lava en todos los países, pero la violencia se concentra en pocos lugares. Se necesita darle oportunidades a los jóvenes para que no tengan que trabajar para los narcos”.

-Usted contó que desde muy pequeña escuchó historias sobre el narcotráfico, ya que su familia proviene de Culiacán, Sinaloa. ¿Qué cambió en los últimos años para que se incrementara tanto la violencia?

-Sinaloa está en el norte de México, frente a la Baja California, e históricamente fue la cuna del narcotráfico en mi país. Los grandes capos de los carteles son de Sinaloa desde hace 40 años.  Pero ellos antes tenían ciertos códigos que respetaban, la violencia estaba mucho más acotada a sus actividades y no se metían con el resto de la sociedad. En los últimos cinco años existe una violencia extrema en todo México debido a la guerra contra el narcotráfico que planteó Calderón y que sólo produce miles de muertos. 

¿Qué le llevó a registrar la violencia a través de un cementerio?

-Hace unos cinco años hice una entrevista en ese cementerio para mi primer largometraje (“Al otro lado”). En 2009 regresé y noté que las bóvedas que había visto la primera vez, se veían muy pequeñas comparadas con las que se estaban construyendo. Decidí quedarme un año filmando lo que pasaba en ese lugar, porque era una forma de registrar la violencia sin ser sensacionalista.

-En su filme los albañiles trabajan sin descanso construyendo bóvedas que guardan todos los detalles de una casa. ¿Por qué la ciudad de los muertos crece con el mismo ritmo de una ciudad habitada?

-Cuando comencé a filmar estaban construyendo tres bóvedas enormes que parecían casas. Frente a éstas, estaban haciendo un hoyo para poner 300 ataúdes. Sentí que esto era un reflejo de lo que estaba ocurriendo en mi país, tanto en la manera de mostrar la opulencia con sus grandes construcciones, como en que todo el tiempo están haciendo agujeros para meter a los muertos porque no hay lugares disponibles. En 2009 las autoridades hablaban de 18 mil muertos y hoy se calculan que estamos en 50 mil por la guerra contra el narcotráfico. 

-Usted muestra las fotos de los fallecidos y se puede leer las fechas de nacimiento. ¿Por qué detiene la cámara en esas imágenes? 

-Lo que más me impactó en el panteón es que la mayoría de los muertos son más jóvenes que yo, que nací en 1974. Los fallecidos tienen entre 20 y 30 años y sus viudas también son muy jóvenes. La violencia es tan terrible y los medios de comunicación lo transmiten de manera tan sensacionalista, que es muy difícil poder analizar lo que sucede. Cuando escucho hablar bien de la guerra contra el narcotráfico que impuso Calderón, no lo entiendo, porque tenemos miles de muertos jóvenes en su mayoría y no son exactamente los capos ni los que pretenden dirigir esta guerra. Los muertos son el resultado de un problema socio económico y de la falta de oportunidades que tienen los jóvenes en el país.

-¿Cómo trabajó el punto de vista en “El Velador”?

-La violencia que generan los narcos es tremenda y tampoco quise retratarlos como víctimas. Pero me interesaba hacerle sentir al espectador la humanidad detrás de los números, porque los que se están muriendo son personas y no son los capos de los carteles, sino los jóvenes.

-¿Por qué eligió al sereno como protagonista?

-Me interesaba su trabajo porque él tiene que velar, estar mirando todo el tiempo. Entonces sus ojos podían convertirse en los nuestros. Es la persona más constante en el cementerio, llega al atardecer y se va a la madrugada. Los albañiles tienen un trabajo más impredecible. El velador es muy tranquilo, nunca habla y me dejó acercarme a su mundo y a su tiempo.

-Uno de los personajes que aparece frecuentemente es una mujer que limpia obsesivamente la bóveda de su marido. ¿Cree que es una manera de llevar su pérdida?

-Creo que es su forma de llevar el luto. No sé mucho sobre su historia porque no puedes preguntar en qué circunstancias murió su marido, ni de dónde sacó el dinero para construir ese mausoleo carísimo y por qué maneja autos importados. Es un cementerio privado donde la gente compra su terreno, luego pueden colocar una cruz o hacer pequeñas casas para poner a sus muertos. Por un lado creo que estas capillas son el resultado de cómo quieren ser recordados los que ya no están. Por el otro, me parece que el hecho de que todos los que están en esa actividad tienen asumido que van a morir jóvenes, hace que quieran demostrar lo importante y poderosos que fueron. Por eso quieren ser enterrados en grandes bóvedas. La mayoría de ellos provienen de familias humildes y estar enterrado en una gran bóveda es como decir que lo hicieron, que valió la pena.

-En la película muestra que por las noches se pueden escuchar bandas de música tocando en el cementerio, además de gritos de festejo y tiros. ¿Por qué hacen fiestas allí?

-La gente contrata a las bandas que tocan música folclórica de Sinaloa para festejar cumpleaños o aniversarios junto a la tumba de su ser querido. Una vez se hizo un bautismo de día. Porque este ya no es un cementerio, sino una ciudad donde la gente va a convivir con sus muertos. Si bien en la cultura mexicana existe una fuerte relación con la muerte, esto va más allá,  porque si vas a un cementerio en la ciudad de México, esto no ocurre. Creo que tiene que ver con que mueren muy jóvenes y los que quedan vivos saben que pronto serán ellos los que estarán allí.

-¿Tuviste problemas para filmar en el cementerio, teniendo en cuenta que la mayoría de los muertos son gente vinculada al narcotráfico?

-Yo realicé la cámara y el sonido, pero me acompañó buena parte del tiempo un vaquero que trabaja en un rancho que tiene mi familia en Culiacán. El me asistía en la grabación y algunas veces que no estuvo se me acercaron de muy mala manera. Cuando estaba con el velador o los albañiles no tuve problemas porque me protegían mucho. Era una situación delicada y cuando te ven con una cámara creen que eres periodista y cuesta mucho hacerles entender que estás haciendo un documental. Por otro lado el hecho de ser mujer me ayudó bastante, porque por el machismo asumen que eres una niña tonta y te dejan acercarte. Un día los administradores del panteón me dijeron que ya no podía filmar más sin darme ninguna explicación. Luego investigué y me enteré de que los narcos ya no me querían allí.

* Ficha Técnica: “El Velador” (2011). Documental. Duración 72 minutos. México-USA.

Dirigido, producido y editado por Natalia Almada.

Productores Ejecutivos: Laurence Ansquer, Tita Productions y


Por: Victoria Reale
Revista Ñ digital
Gerardo Reyes
Univisión Investiga





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