CARACAS: Diciembre el mes más violento en últimos tres años



"Aquí todo el mundo quiere ser ahora malandro (delincuente)", dice Johny, quien a los 16 años cayó en la violencia en uno de los barrios caraqueños donde la pobreza, la impunidad y la corrupción alimentan una delincuencia que enluta a diario a esta ciudad.

“Aquí todo el mundo quiere ser ahora malandro”, dice Johny,  a los 16 años cayó en la violencia en uno de los barrios caraqueños donde la pobreza, la impunidad y la corrupción alimentan una delincuencia que enluta a diario a esta ciudad.

568 cadáveres fueron ingresados a la
morgue de Bello Monte hasta ayer..

 

Diciembre fue el mes más violento de los últimos tres años en Caracas.

Caracas lidera los índices de “violencia brutal y homicida” en el mundo.

Con 503 homicidios, octubre era el mes con más crímenes en 2013. En diciembre de 2012 hubo 542 y 565 en el último mes de 2011

Hasta ayer en la mañana a la morgue habían sido ingresados 568 cadáveres provenientes de diferentes sectores del área metropolitana de Caracas. Según esa cifra, este es el mes más violento de los últimos 3 años, pues en diciembre de 2012 se registraron 542 homicidios y en el mismo mes de 2011 ocurrieron 565. Sólo en 2010 se superó ese número con 575 fallecidos.

Los familiares de Leiderker José Peña, de 17 años de edad, estudiante del cuarto año de bachillerato en el liceo Manuel Palacios Fajardo, ubicado en la zona central del 23 de Enero, hallaron el cadáver del muchacho a la 1:00 pm del domingo en una calle del sector El Pueblito de esa parroquia.

Lo ultimaron entre las 2:30 am y las 3:00 am de ese día, cuando los vecinos oyeron las detonaciones.

La víctima era hijastro de Lesman León, empleado del departamento de seguridad del diario El Nacional , quien junto con otros familiares acudió a la morgue a retirar el cadáver.

El sábado en la noche el adolescente estuvo reunido con unos amigos y después cada uno tomó un rumbo diferente, Presumen que Peña fue a una fiesta y de allí se lo llevaron. Le robaron un par de zapatos de marca.

Como el joven no llegó a su casa en el bloque 31 de la zona central del 23 de Enero comenzaron a buscarlo hasta en las playas de Vargas porque pensaron que se había ido allí con los amigos. Pero al mediodía se enteraron que en el sector El Pueblito estaba el cadáver de un joven que los vecinos cubrieron con una sábana. Hasta allá se dirigió León donde constató que se trataba de su hijastro. Un indigente que deambula por esa zona fue quien difundió la noticia.

Las Casitas:

De aproximadamente 70 disparos fue asesinado Andrés Manuel Brito, de 20 años de edad, ayudante de electricista que laboraba en la construcción de viviendas en Fuerte Tiuna. El joven desapareció el viernes pasado y el domingo fue hallado el cadáver en estado de descomposición en una zona boscosa del sector Las Casitas, en la parte alta del Cementerio General del Sur.

Brito era nativo de Güiria, estado Sucre, donde será velado y sepultado. Su padre, Roberto Pérez, que labora en Fuerte Tiuna, le consiguió trabajo y se lo trajo a Caracas hace unos cuatro meses. Pérez relató que la última vez que vieron a su hijo fue entre la 1:30 pm y las 2:00 pm del 27 de diciembre cuando compañeros de trabajo le dieron la cola hasta la salida de la alcabala 4 de la instalación militar donde debía tomar una camioneta con destino a Los Jardines de El Valle, donde vivía con su papá.

Desde entonces desapareció y la familia lo buscó en clínicas y hospitales hasta este domingo cuando lo hallaron en la morgue.

Roberto Pérez dijo que su hijo no tenía problemas con nadie; sin embargo, indicó que el crimen tenía visos de venganza porque hubo mucho ensañamiento. Un pariente de la víctima dijo que el viernes pasado el joven recibió 5.000 bolívares de aguinaldo, además de una cesta navideña. Todo se lo robaron.

Nuevo Horizonte:

Apenas Jhon Cleiver Reay, de 21 años de edad, salió de su domicilio en la parte baja del sector Vista Hermosa, en el barrio Nuevo Horizonte de Catia, sus familiares escucharon varias detonaciones y al salir observaron que lo habían asesinado.

Reay, padre de una niña de 20 meses de edad, era mecánico y laboraba en un taller, además que hacía trabajos por su cuenta.

Sus familiares llegaron a la morgue para reclamar el cadáver y prefirieron no identificarse. Presumen que lo confundieron con algún antisocial y por eso le dispararon. En el sitio los funcionarios del Cicpc colectaron 15 conchas de proyectiles que serán sometidas a experticias de comparación balística.

Rumbo a Mampote:

El cadáver de un hombre indocumentado que presentaba un disparo en la boca y estaba envuelto en telas de diferentes colores fue localizado el domingo a las 2:00 pm en el sector Las Torres, urbanización El Roble, carretera vieja Petare-Mampote, en el municipio Sucre.

Al sitio se dirigió una comisión de la GNB luego de recibir una llamada anónima que hizo una mujer para notificar el hallazgo del cuerpo.

Es un hombre de piel trigueña, contextura regular, cabello negro, corto y crespo, de 1,70 metros de estatura, que vestía franela gris con estampado multicolor y pantalón blue jean. Calzaba zapatos beige y llevaba gorra verde con la palabra Diesel.

José Rafael Rodríguez, de 27 años de edad, que fue herido el sábado en una parada de bus en el barrio San Isidro, en Petare, murió ayer en el hospital de El Llanito.

En ese hecho otra persona también fue herida y además murieron abaleados los morochos Luis Alejandro y Luis Javier Licett, de 19 años de edad, adscritos a la GNB.

El efecto Sarajevo:

Sin ser un país en guerra, azotado como otros países vecinos por flagelos como el narcotráfico, los homicidios responden en su mayoría a delitos comunes –ajuste de cuentas, robo–, y a enfrentamientos espontáneos entre ciudadanos.

‘La vida se ha trivializado de una manera tal como ocurre en las guerras. La gente vive en algún momento bajo el efecto Sarajevo, con la certeza de estar caminando (…) expuesto al crimen’, asegura a la AFP la directora de la ONG Control Ciudadano, Rocío San Miguel.

En las barriadas de la Gran Caracas, jóvenes desempleados que viven en precarias construcciones se entregan a la violencia cada vez a más temprana edad.

‘Quien está poniendo los muertos en Venezuela son los jóvenes pobres’, ante la falta de ‘proyectos de desarrollo de vida’, afirma Pablo Eugenio Fernández, secretario técnico de la Comisión Presidencial de Desarme.

En una funeraria caraqueña, una de sus coordinadoras dice a la AFP bajo el anonimato que a diario reciben entre uno y tres cuerpos de jóvenes tiroteados.

‘El 80% de esas muertes se producen en los barrios. Adolescentes más que nada, de 15 o 16 años. Muchos mueren porque son malandros o tenían problemas. Otros porque estaban en una esquina, pasó un carro y les disparó’, agrega.

Un camino sin marcha atrás:

A Johny la violencia le ‘arrastró’ a los 13 años. De rebote. Le arrojaron una lámina de zinc unos jóvenes en disputa con unos primos suyos. Le cosieron 50 puntos en el torso. Sufrió varios ataques más, éstos ya con balas, hasta que se compró su primer arma, un revólver.

‘Agarré un camino del que ya no hay vuelta atrás. Con 16 años, tenía que ir con una pistola, robando para comprar balas’, dice a la AFP, a condición de no ser identificado, este joven de 23 años, que vive en el paupérrimo barrio oriental El Milagro, donde no hay un solo edificio oficial, una comisaría o una escuela.

‘Buscábamos personas con plata, les hacíamos seguimiento’ para asaltarlas en su casa o ‘agarrarlas’ saliendo del banco, confiesa.

Como el suyo, dice que ‘ahorita, hay muchos casos, está de moda’, porque los jóvenes se sienten atraídos por este ‘mundo ficticio’ de dinero fácil: unos 800 dólares semanales robando celulares o unos 200 con la venta de droga.

Armas al alcance:

Obtener un arma es además facilísimo, así como las balas, que desde hace ‘cuatro o cinco años’ ya no se venden por cajas sino ‘por bultos de mil’, relata Johny.

‘Nosotros no fabricamos las armas. Ni tenemos una bodega donde poderlas adquirir. Eso siempre viene de policías’, explica Simón, de 36 años, quien salió de la cárcel en 2008 tras estar preso cuatro años por homicidio.

‘¿Cómo hacer para entrar un (rifle) R15? ¿Un arma de guerra que está en otros países y no aquí? Eso no va a entrar en un avión por (el aeropuerto de) Maiquetía. Eso lo pasa la gente del gobierno (policía). No todos, pero sí hay infiltrados’, corrobora Johny.

San Miguel asegura que cada arma que mata a un ciudadano ‘muy probablemente en un 95%’ de los casos perteneció a los cuerpos de seguridad del Estado. El gobierno no ha ofrecido cifras pero se apresta a incrementar el control de los parques de armas policiales para frenar la corrupción.

En un país de 27 millones de habitantes, circulan entre 9 y 15 millones de armas legales e ilegales, según los últimos datos oficiales de 2009.

La impunidad, que se da en un 95% de los casos, según San Miguel, también empuja a delinquir. Según Johny, el delincuente sabe que, dependiendo del policía que lo atrape, podrá eludir la justicia pagando de por medio.

‘Hay policías que hacen su trabajo y otros que no, que te agarran con una pistola y te dicen: ‘Ayúdame y yo te ayudo’ ¿Qué significa eso? Extorsión’, explica este joven, que asegura haber dejado atrás la delincuencia pero se mantiene alerta para evitar ser a su vez víctima de la inseguridad.

El barrio, caldo de cultivo de la violencia

Principal foco de la violencia en la capital venezolana, los barrios son hormigueros de ranchos que se formaron en los cerros caraqueños en los años 1960 con la llegada de familias del interior en busca de una vida mejor que en muchos casos no encontraron.

En ellos, las bandas imponen su ley hasta el punto que en algunas zonas la policía apenas penetra, salvo en operaciones especiales. Los vecinos acabaron por ‘armarse’, explica a la AFP Iván Martínez, de El Milagro, donde viven apiñadas en la ladera de un cerro unas 10.000 personas.

‘En el barrio hay que saber vivir y lo primordial es no hablar mucho’ para evitar que una ‘discusión banal’ con el vecino acabe en tragedia, dice este padre de nueve hijos.

Martínez tiene muy claro que las autoridades tienen un papel fundamental que cumplir.

‘Si no hay una buena política, cultura, deporte, una escuela donde se recreen los muchachos, no va a haber nada, porque en la adolescencia es donde empiezan estas cosas’, reflexiona, sentado delante de la casita de cemento que construye con sus propias manos.


Por: Sandra Guerrero/AFP
sguerrero@el-nacional.com
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Caracas, martes 31 de diciembre, 2013

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