MANUEL MALAVER: El socialismo en los tiempos del default y el chikungunya



MANUEL MALAVER, El socialismo en los tiempos del default y el chikungunya

Los conspiradores, terroristas y enemigos
jamás aparecen, porque no existen…


 

Que Maduro haya acusado el jueves a la oposición de estar preparando una “guerra bacteriológica” en el estado Aragua.

Me ha tentado a formularme la pregunta de si el “hombre del pajarito” no busca la excusa perfecta para declararse en “default”, pues, con una emergencia de tal categoría y naturaleza sería antipatriótico y contrarrevolucionario estarle pagando deudas a un grupo de bancos y entidades financieras que siguen líneas de los imperialistas yanquis que serían, a fin de cuentas, los cerebros tras del Armagedón.

El Armagedón, si, dije el Armagedón, porque no otra clase de guerra sino la tan magistralmente descrita en el “Apocalipsis de Juan” sería la que se desencadenaría con cientos de miles de personas –quizá millones- muriendo infectados por el dengue, el chikungunya, el ébola, el ántrax y tantos otros agentes patógenos en cuyo empleo resultaron malévolos eficientísimos viejos y nuevos amigos de Chávez y Maduro como Saddam Hussein y Bashir al-Assad.

Sobre el primero, fueron otros compinches de los caudillos venezolanos, los iraníes, quienes denunciaron con testimonios irrefutables la guerra química o bacteriológica que contra ellos desató el también llamado “matón de Bagdad”; y en cuanto al segundo, denuncias de los rebeldes sirios comprobadas por la ONU y ONG internacionales dejaron claro que si Assad aun sobrevive es a punta de armas de uso prohibido.

No sé hasta dónde pueden llegar Maduro y sus secuaces en sus extravíos por conservar el poder, pero cómo cada día, semana o mes que pasan son como escalas que conducen al instante final, no dudaría en afirmar que, si no la “guerra bacteriológica” en sí, sí una enorme campaña de propaganda para atribuirla a la oposición, estaría a la vuelta de la esquina.

Al efecto, tendría el escenario servido con los miles de infectados de dengue, chikungunya –y quizá de ébola- que padecen en los hospitales, clínicas privadas y centros de salud del país, sin aspirar a que se les trate su enfermedad por falta de medicinas, y mucho menos a que se les diagnostique por escasez de reactivos, y que en ningún sentido serían atribuidos por Maduro a la corrupción y a la incompetencia de su gobierno, sino a otra activación de la llamada “teoría de las conspiraciones”, que, en el socialismo y otros sistemas totalitarios, busca no referir los fracasos a la inviabilidad del modelo, sino a quienes “conspiran” contra él.

Y como las ineficiencias, las catástrofes, los retrocesos y los desastres son infinitos, entonces, ya veremos como la historia del socialismo de Maduro, será la de las denuncias y detección de unos conspiradores, terroristas y enemigos del gobierno que jamás aparecen, porque no existen.

En la Rusia de Stalin, en la China de Mao y en la Cuba de los Castro se trabajaba poco y estudiaba menos, pues el tiempo se quemaba denunciando conspiraciones, atentados e invasiones que, por lo general, se olvidaban cuando pasaba su efecto de distracción y se pasaba a otras.

En “!984” George Orwell dejó la atmósfera y el clima perfectos que se viven en estas revoluciones, en las cuales, el “Big Brother” impera, porque él y la sociedad viven esperando cataclismos que nunca se desencadenan.

Algo de esto, y mucho más, veremos cuando a Maduro le toque en los próximos días elegir entre dos males: o pagar los vencimientos que por 6300 millones de dólares tiene con la banca internacional (lo cual dejaría las reservas internacionales del país prácticamente que inoperativas); o no pagarlas y pasar a constituirse en un paria del sistema financiero, sin acceso a los mercados de deuda y con demandas de embargos de los bienes venezolanos en el exterior, incluidos los embarques petroleros.

Pero eso en cuanto a lo económico, porque en lo que se refiere a lo político e ideológico, las pérdidas podrían ser mayores, pues si paga tendrá que habérselas con la retroizquierda de todos los que pelajes que le reclamarán que tiene al pueblo muriéndose de hambre, y padeciendo las siete plagas de Egipto y sale a entregarle un tercio de las reservas en divisas venezolanas a la banca extranjera; y si no paga, sería hacer aún más aguda la crisis de desabastecimiento que ha retrocedido el país al siglo XIX.

De modo que, nada fácil, ni llevadero, ni manejable en el futuro de un gobierno que recibió como herencia del “presidente eterno” un país en bancarrota, que, para colmo, quedó en manos de un jefe de Estado sin las credenciales mínimas, no para superar las dificultades, para sortearlas y viaja a velocidades supersónicas a una época de anarquía, caos y anomia en la cual con lo único que sueña Venezuela es con un factor interno o externo que ponga fin a tal estado de cosas.

Por ahora, Maduro y sus compinches no tenían otra vía que transitar que compartir el poder con una pandilla de militares corruptos que le han cambiado apoyo por impunidad y han devenido en el puntal de un estado forajido que, por eso mismo, por no tener otra base en que sustentarse, los ha constituido en una fuerza de ocupación.

Con ellos, operan los cuerpos de inteligencia, militares y paramilitares de la dictadura cubana, básicamente interesada en garantizar que los herederos de Chávez cumplan con los acuerdos que permiten que las exportaciones petroleras venezolanas cubran el subsidio que la llamada revolución perdió con el colapso de la Unión Soviética.

Y que subyace en el cimiento de la quiebra de las finanzas nacionales, ya que, si a la cobertura de la improductividad de la isla, se une el pase a retiro de más y más áreas de la economía del país, entonces es imposible que ni siquiera un precio del petróleo de más de 200 dólares el barril sustente semejante carga.

Son dos estados menesterosos, sin otro producto que ofertar en los mercados internacionales que el cada vez más menguado ingreso en petrolero venezolano, por tanto, hermanos en la agonía de que los precios del crudo se mantengan, aumenten o desplomen.

Dos economías capitalistas al final del día, dependientes del bienestar y de la permanencia del odiado sistema, y obligados a cumplir con el pago de sus deudas porque si no, la dictadura más vieja del mundo y la más joven seguirán el camino de los socialismos que yacen bajo los escombros del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviético.

En otras palabras: que no le veo otro alternativa a Maduro que pagar los vencimientos de la deuda, aun costa de agudizar la crisis social venezolana, porque si no, no es uno, sino dos los parques jurásicos los que se hundirán.

*Manuel Malaver. Analista político mejor informado de Venezuela, reconocido periodista de larga y respetada trayectoria en los medios impresos, autor del libro: “La DEA contra la Guardia Nacional de Venezuela”.

Por: Manuel Malaver
@MMalaverM
Politica | Opinión
Domingo 21 Septiembre, 2014

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