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Barrio Tricolor por dentro


La fachada de la casa de Carmen Naranjo fue pintada y frisada, pero las reparaciones no fueron completadas en el interior de la vivienda.

El programa bandera del Gobierno
para mejorar viviendas populares

 

Aunque hay beneficiarios satisfechos, vecinos y líderes comunitarios están decepcionados, y los expertos dudan del alcance del plan mientras no forme parte de un programa integral 

Desde afuera las casas de Delia Liendo y de Carmen Naranjo se ven perfectas: sus fachadas están frisadas y pintadas de un color azul que alegra la vista. Ambas mujeres son vecinas del sector Libertador de Caucagüita ­municipio Sucre, Caracas­ y beneficiarias del programa Barrio Nuevo, Barrio Tricolor, impulsado por el Ejecutivo Nacional. Liendo, de 40 años de edad, está feliz. Residió durante 3 años en un rancho de zinc que fue derrumbado y cambiado por una casa nueva. “Me cumplieron el sueño de tener una vivienda digna”, dice desde una sala luminosa en cuyas paredes cuelgan fotos de familiares. 

Delia Liendo manifiesta agradecimiento al plan Barrio Nuevo, Barrio Tricolor porque recibió una vivienda digna.

Naranjo, de 53 años de edad, quisiera tener el mismo estado de ánimo de su vecina, pero no puede. 

Dice que su vivienda apenas recibió atención de las puertas hacia afuera: “Arreglaron la fachada hace un año y tres meses, y no terminaron adentro”. Ningún visitante dirá que ella miente si ve, por ejemplo, la segunda planta. Es un espacio a medio hacer, donde esa mañana está el padre de Naranjo en silla de ruedas. Las escaleras metálicas pasan por un orificio irregular que hace surgir la pregunta de si el anciano reposa sobre piso firme. 

“Con mis recursos, he hecho lo que he podido para terminar”. Carmen Naranjo está decepcionada y no es la única. 

Liendo es locuaz y amable. 

Su caso ha sido tomado como ejemplo; dice que ya fue entrevistada en el programa Aló, Presidente en mayo del año pasado y que tuvo oportunidad de agradecer a Hugo Chávez en público. “Mi casa es real y puedes verla tú mismo”, insiste. Sus declaraciones han sido reproducidas en los portales de los medios estatales y ella está allí para ratificarlas sin aprehensión. Naranjo, en cambio, no ha podido dar su testimonio ante una audiencia semejante. A otros vecinos, en su misma situación, les cuesta hablar en público sobre el programa: temen que les apliquen represalias, como la suspensión definitiva de las obras en sus viviendas si refieren la palabra retardo en voz alta. 

Las obras tienen un alcance de percepción de alcance cosmético.

Pero ella relata su historia con resignación: 

“Como los trabajos los estoy haciendo por mi cuenta, no habrá diferencias si doy mi opinión”. Son cara y cruz. Detrás de las coloridas fachadas del sector Libertador de Caucagüita, igualmente conocido como Barrio Nuevo, no hay sólo elogios e historias de éxito. También existen críticas de vecinos y dirigentes ante lo que consideran una ejecución con retardo y poca transparencia del plan: creen que los resultados no están a la altura de las expectativas. 

El caso de Caucagüita no es una excepción: los síntomas del malestar ya se han evidenciado en otras partes del país. 

“Las propias comunidades están expresando sus quejas y hay que tener los oídos abiertos frente a ellas”, dice Teolinda Bolívar, directora del Centro Ciudades de la Gente de la Universidad Central de Venezuela. Un ejemplo lo presenció en las jornadas académicas celebradas en la casa de estudios con motivo del Día Mundial del Hábitat: vecinos de los municipios Sucre y Baruta interpelaron a los responsables del programa que fueron invitados. 

“Hubo un diálogo que fue muy interesante”. Si bien hay beneficiados ­como Liendo­ que defienden el proyecto, también existen otros ­como Naranjo­ que han cuestionado la misión por ejecutar reparaciones cosméticas; por reparar viviendas localizadas en zonas de alto riesgo; por los retardos en las obras; por la carencia de materiales; por la falta de acompañamiento técnico y por las diferencias surgidas con oficiales de la Fuerza Armada Nacional encargados de las operaciones. 

Parte del expediente que ha sido elaborado por voceros de los consejos comunales y vecinos cuya identificación con el proyecto presidencial nadie duda: muchos apuestan por llamar la atención oficial y reclamar mejoras en las políticas de vivienda. 

Soraida Bello de Ocopio vive en Turmerito, Coche, dentro de un kiosko. Allí espera ayuda a su demanda de vivienda.

Arranque: 

Hay expertos a quienes no les extraña la preocupación expresada por miembros de las comunidades. Josefina Baldó, urbanista y quien fuera presidenta del extinto Consejo Nacional de la Vivienda entre 1999 y 2001, considera que el programa Barrio Nuevo, Barrio Tricolor está fundamentalmente diseñado para hacer reconstrucciones puntuales: “Sería muy útil como un complemento de una estrategia más amplia y articulada de habilitación de barrios, aunque nadie puede negar que es positivo dotar a una casa con baños, instalaciones eléctricas o frisos”. 

La percepción del alcance “cosmético” y limitado de las reparaciones surge, desde su óptica, por la escala del plan: “Es necesaria una respuesta con más profundidad y lagente lo percibe. En lugar de pensar en trabajos específicos con 200 ó 300 casas de una comunidad, habría que ejecutar grandes proyectos de mayor impacto para que los barrios se incorporen a las ciudades”. 

El programa Barrio Nuevo, Barrio Tricolor fue lanzado por el jefe del Estado en un Aló, Presidente en agosto de 2009, como parte de la Misión Hábitat. El objetivo es mejorar las condiciones de las viviendas localizadas en zonas populares donde reside más de 51% de la población y cuya vulnerabilidad queda de manifiesto con cada aguacero. 

La estrategia ha consistido en la instalación de campamentos ­hay más de 80 en todo el país­ desde los cuales se articula el trabajo con mano de obra de las comunidades organizadas y supervisión militar. En la presentación de su memoria y cuenta a la Asamblea Nacional, el sábado 15 de enero, el primer mandatario no dedicó ni un segundo de sus 7 horas de discurso para rescatar los logros de la iniciativa que toca un punto crucial en la agenda pública, luego de las lluvias del último trimestre del año que dejaron más de 100.000 damnificados. 

La omisión no pasó inadvertida para sus seguidores. 

Hasta mayo de 2010, según la información del entonces llamado Ministerio de Obras Públicas y Vivienda, se habían reconstruido más de 33.000 casas con una inversión de 425 millardos de bolívares, lo que Chávez aplaudió en otro de sus programas dominicales dedicado al plan. De ese total de viviendas, 67 habían sido rehabilitadas en el sector Libertador de Caucagüita, según los reportes oficiales divulgados entonces. 

Conflicto: 

La cifra genera un inmediato recelo entre algunos vecinos de la zona. Además de la vivienda de Naranjo, hay otras como las de Richard Arias, de 47 años de edad, que tiene pisos y paredes con grietas desde hace más de un año, porque no fueron empotradas las tuberías de electricidad y de agua. “Sólo hay 26 viviendas que se comenzaron y no se terminaron. Yo fui uno de los obreros que trabajó en ellas”. Agradece el cambio de techo que ahora protege su sala de inundaciones cuando llueve, pero aún espera que le echen una mano con aquello que quedó inconcluso. 

Soraida Vivas, una de los voceras del consejo comunal, ha exigido una rendición de cuentas del programa y pide al Gobierno que le transfiera directamente a la comunidad, sin mediación de la FAN, la ejecución física. “Prometieron un trabajo a fondo con 200 viviendas y todo ha sido por encimita con la mayoría. Hay una familia que fue desalojada y está viviendo en la casa comunal desde hace un año. 

Otras han pagado de su bolsillo los materiales, que se suponía iban a ser gratuitos, pero igual las cuentan como beneficiarias. Eso es un fraude”, dice Vivas, que no es seguidora de Chávez, pero afirma que expresa el sentir de muchos de sus partidarios que temen hablar en público. 

Sin embargo, los trabajadores del programa, que también son vecinos de la comunidad, insisten en que los beneficios del plan se observan en el sector Libertador. Piden que se visite a Gladys López, de 50 años de edad, que vivía en un rancho de latón y ahora tiene una vivienda de bloques frisados. “Estoy muy contenta con la ayuda”, dice al abrir la puerta. Suritza González, cuya casa se quemó en junio, también está dispuesta para la entrevista: “He recibido ayuda de la oposición y del Gobierno, y aquí en Barrio Tricolor me han dado la mano y trabajo”. Janet Monroy, otra de las empleadas, calcula que no menos de 100 viviendas han sido reparadas y que 18 de ellas, de alta precariedad, fueron reemplazadas. 

Reconoce que, de momento, no hay materiales, pero está segura de que antes de que termine el mes tendrá nuevo suministro. “Hay mucha demanda por las obras que se requieren para darle respuesta a los damnificados”. 

Alto riesgo: 

En otras zonas, como Blandín, en la carretera vieja Caracas-La Guaira, las angustias han ido mucho más allá de la puntualidad en la entrega de las obras. En el lugar surgieron quejas contra el programa porque sus ejecutores intervinieron casas en zonas de alto riesgo. Las lluvias, de un modo trágico, dieron razón a los críticos. Quedarán para el recuerdo las imágenes de las construcciones que fueron reparadas y pintadas antes de ser arrastradas por deslizamientos o desalojadas en prevención de tragedias. La pregunta de muchos vecinos es una: ¿Para qué sirvieron esos esfuerzos? Voceros de los consejos comunales plantaron cara. Uno de ellos fue Duber Mavares, de La Vuelta del Cedro, que en octubre de 2010 había denunciado que 80% de las casas, que fueron intervenidas y pintadas por el plan gubernamental, colapsó con los aguaceros. A pesar de ello, afirmó entonces, había vecinos que continuaban recibiendo materiales de construcción sin considerar una orden de desalojo emitida por el Instituto de Gestión de Riesgos y Administración de Desastres de la Alcaldía de Libertador. 

Mavares quería evitar una tragedia semejante a la del sector Marigüitar, donde una familia de siete personas quedó tapiada un mes antes. 

El dirigente aceptó marcharse a Monagas donde hoy tiene una nueva vida, pero otros líderes comunitarios no bajan la guardia. “Hay que ratificar el llamado a las autoridades del programa Barrio Tricolor para que se abstengan de arreglar casas en zonas de riesgo y eso es una irresponsabilidad”, dice José Gregorio Navarro, quien mantiene una lucha para sacar a toda su comunidad de un área de peligro conocida como El Mamón, en Plan de Manzano. 

Jean Carlos Sosa, un antiguo vecino del 23 de Enero, tampoco dejó de presentar sus observaciones sobre los efectos de los temporales en la parroquia. Publicó un artículo en la página web Aporrea ­un portal que apoya el proyecto político de Chávez­ con un título sugerente: “Barrio Nuevo, Barrio Tricolor: Desastre Humano”. Allí se refiere al colapso de casas rehabilitadas y obras ejecutadas en zonas como El Mirador, donde cualquiera puede aun acercarse a tomar fotos y recopilar testimonios de los vecinos. “¿Cómo es posible que ante tanta inversión de carácter social, aún veamos como se desmorona la vida de personas por la ineficiencia y desinterés de pseudorevolucionarios?”, se preguntaba. Fue precisamente desde el 23 de Enero, donde se transmitió el Aló, Presidente de febrero de 2010 en el cual se celebraron los avances de los primeros meses del plan. 

Sobraron testimonios de residentes que se mostraron agradecidos y felices por la aplicación de la iniciativa. 

Emblema: 

El día del lanzamiento del programa, el jefe del Estado se trasladó con el entonces ministro Diosdado Cabello a una invasión en Turmerito, Coche, Caracas. 

Allí subieron uno de los tractores que fue utilizado para destrozar 136 viviendas informales que habían aparecido en un barrio incipiente bautizado con un nombre obvio: Hugo Chávez. El Presidente quiso ejecutar ese gesto simbólico que marcaba el nacimiento de una nueva era para la zona: “Aquí va a nacer una comuna socialista”, anunció. 

A la vuelta de 17 meses, todavía no se ha concluido y entregado la primera unidad de un complejo de apartamentos que está en construcción. 

Los habitantes de esa comunidad fueron trasladados a “viviendas de transición” habilitadas en el Fuerte Tiuna para aquellos beneficiarios del plan que debían abandonar temporalmente sus casas en espera de otras mejores. 

En la zona puede observarse el estado del proyecto: las estructuras están a la vista. Unas sólo muestran vigas metálicas y otras dan la apariencia de mayor adelanto. El martes pasado no había un solo obrero trabajando en el sitio. 

En los alrededores hay grandes estacionamientos y familias enteras que viven en diminutos kioscos que están a la vera del camino a pocos metros de donde prometen que será inaugurado un complejo de viviendas. En uno de ellos reside Soraida Bello, una mujer de 54 años de edad, con sus 2 hijas. Tiene una diminuta sala y un comedor donde vende alimentos. “Aquí entramos todos, nos acomodamos lo mejor que podemos”, dice mientras muestra un espacio que sería asfixiante para cualquiera. Es una de las pobres del mundo que sobrevive en la Venezuela que aún no supera la crisis de vivienda. 

* DIOSDADO CABELLO FUE EL MINISTRO QUE DIO INICIO AL PROYECTO: “La gente se empeñaba en la rehabilitación”


Por: DAVID GONZÁLEZ / Siete Días
DGONZALEZ@EL-NACIONAL.COM
Salud | Ciudad
EL NACIONAL

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2 Responses to Barrio Tricolor por dentro

  1. loreto November 29, 2012 at 3:28 PM

    mi casa fue derrumbada hace 3 años la frisaron por fuera y por dentro le falta la dejaron asi que inresponsable Jesus Cabello C.I. 1856978, AUN NO HE PODIDO TERMINARLA

    Reply
  2. loreto November 29, 2012 at 3:31 PM

    fUE DERRUMBADA POR EL BARRIO TRICOLOR, ORDEN DE DIOSDADO CABELLO CUANDO ERA MINISTRO DE HABITA Y AUN PASARON 3 AÑOS Y DEJARON ESO ASI LA HEMOS ARREGLADO POR NUESTROS PROPIOS MEDIOS

    Reply

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