ANARQUÍA: Tres bandas de menores controlan Sabana Grande




ANARQUÍA, Tres bandas de menores controlan Sabana Grande

En el día piden y en la noche
roban a clientes de tascas

 

El Ministerio Público logró la detención para tres adolescentes de 14, 15 y 17 años de edad por su presunta responsabilidad en la muerte de los sargentos del Ejército Bolivariano, Yohan Miguel Borrero Escalo (25) y Andrés José Ortiz (23). Este hecho ocurrió en horas de la madrugada del pasado domingo 19 de marzo en la calle San Antonio del boulevard de Sabana Grande.

Asciende a 6 menores detenidos por la muerte de dos militares.

Tres bandas de menores azotan Plaza Venezuela, Sabana Grande y Chacaíto.

Con estas dos muertes se eleva a 31 el número de funcionarios de seguridad asesinados este año en Caracas.

Hay un niño de 6 años y una joven de 15 años de edad implicados en el crimen. El grupo opera en Plaza Venezuela y en el bulevar de Sabana Grande.

Los integrantes de cada grupo no pueden traspasar los límites del territorio del otro. Tienen el control en arrebatones, hurtos y hasta del microtráfico en las zonas que ocupan.

Caracas.- Cuatro días antes de que atacaran con cuchillos al sargento primero del Ejército, Johan Borrero, y al sargento segundo, Andrés José Ortiz, los niños y adolescentes que integran la banda Los Cachorros agredieron a un mesonero del restaurante La Tinaja ubicado en Sabana Grande.

Era la 1:00 pm y las mesas estaban colmadas de clientes. El trabajador estaba atareado recibiendo los pedidos cuando se le acercó un grupo de cuatro muchachos. Vestían shorts, tenían las franelas sucias y los zapatos rotos. Todos los días se acercaban para pedir algo de comida, pero ese día no había. “Tenía la carta del menú y les hice señas para que se marcharan porque estaba ocupado. Apenas les dije eso, uno de los pequeños, que no llegaba a los 12 años, enfurecido, sacó un punzón e intentó clavármelo en el abdomen”.

El mesonero pudo esquivarlo y lo neutralizó. Los otros muchachitos le decían al pequeño infractor: “Chamo, quédate quieto, no ves que él es pana, que siempre nos ayuda”. Pero el niño cegado por la rabia decía: “Te voy a sacar los ojos”, cuenta el empleado. Desarmó al muchacho que junto al resto de la pandilla corrió hacia la calle Los Jabillos.

En esta área hay tres grupos integrados cada uno por entre 15 y 20 adolescentes y niños.

Sus edades varían entre los 4 y 17 años:

Uno de estos grupos, según un vecino del bulevar, controla Plaza Venezuela, otro Sabana Grande (Los Cachorros) y el tercero, Chacaíto. Ninguno puede invadir el territorio del otro y al que se atreva le dan una paliza.

“Hace dos semanas cuatro muchachitos se cayeron a golpes. Hasta mordiscos se dieron. Parecían fieras. A pocos metros estaban unos funcionarios y no se molestaron en separarlos porque ya esos enfrentamientos son `normales’ y ellos saben que es por el control de la zona”, explica una residente del lugar.



Establecen sus reglas:

En esos sectores las leyes las imponen estos grupos. En el día piden en los negocios y los fines de semana asaltan a los clientes que salen de las tascas y discotecas.

Una de las integrantes de la banda Los Cachorros, cuenta la residente, es una joven de 15 años. Su estatura es de apenas 1,50 metros, pero sus rasgos físicos, que denotan candidez, contrastan con su actitud violenta. Junto con otros muchachos de su edad, consume alcohol y droga sintética, afirma. Viven en la calle y cuando duermen lo hacen sobre el techo de un kiosco de la calle El Colegio. Colocan cartones como sábanas y para resguardarse del frío. Otro grupo de niños y adolescentes vive en los edificios de la Misión Vivienda de la calle El Colegio y la avenida Solano.

Los más grandes, como la que llaman María, usan a los más pequeños como señuelo para pedir y luego robar.

“Hace dos semanas, un pequeño de 8 años de edad le lloró a una mujer en un restaurante para que le diera algo de dinero. Le dijo que no tenía familia, que vivía en la calle y que por favor lo ayudara para completar el dinero del pasaje, que supuestamente iba a Petare. Cuando sacó el monedero, se lo arrebató y corrió. Afuera lo esperaba la muchacha de 15 años. Se desaparecieron”.

A los ancianos que cobran la pensión en los bancos los tienen azotados. “Les sacan chuzos para quitarles el dinero. A las haitianas que venden frutas les llevan los mangos”, afirma la vecina.

Otro residente de la calle Villafor indica que en ese sitio hay cerca de cinco tascas.

Sigilosos, en las noches esperan a que los clientes ebrios salgan para atacarlos. “De mi apartamento vi como a un grupo de personas que salía de una discoteca lo asaltaron cinco muchachos. Parecía una jauría de lobos hambrientos, les hicieron una rueda de pescado a los hombres que salieron borrachos del bar, y los despojaron de las billeteras y los celulares. Nadie los auxilió porque después de las 10:00 pm las calles del bulevar están desprovistas de funcionarios policiales. Ellos trabajan en horario de oficina”, afirma el hombre.

Un local de comida rápida de la calle Negrín no se salvó del asedio del grupo de infractores. Hace tres meses, tres muchachos le cayeron a pedradas a la pared de vidrio lateral del negocio. Eran las 2:00 am, el ruido alertó al vigilante que se había resguardado en la parte posterior del local. Los adolescentes entraron y se llevaron la comida. El agente de seguridad no pudo actuar, lo invadió el miedo. Sabía que esos muchachos son de temer y que llevaba las de perder si se les enfrentaba.

Un poco más abajo, en Chacaíto, otro grupo de muchachos que deambulan por los callejones y otro tramo del bulevar se reúne en las noches para tomar alcohol, destruir los vidrios de los carros que se estacionan en esos cruces y llevarse los reproductores. “Mi cuñada dejó su carro parado en una de las cuadras que conducen al bulevar y cuando escuchó un ruido, se asomó desde la ventana de mi apartamento y se percató de que los chamos se llevaban el reproductor. Les gritó y cuando bajó se habían escapado hacia el centro comercial Chacaíto”, dijo una residente del sector, que asegura que ellos son los que se montan en las estaciones del Metro a pedir.

Microtráfico y robo en el bulevar Sabana Grande, Caracas

Microtráfico y robo en el bulevar Sabana Grande, Caracas

Actuación tardía:

Luego de lo ocurrido por las calles del bulevar, esta semana no se observó ni un niño en situación de calle. Cuentan comerciantes y vecinos que los funcionarios de la GNB se llevaron a los que deambulaban para interrogarlos e investigar su vinculación con el doble crimen. Pero aseguran que este despeje es momentáneo. “Tuvo que ocurrir la tragedia de los dos militares asesinados para que pudieran actuar. No hay políticas para rescatar a estos muchachos en situación de calle y llevarlos a lugares donde se les garantice educación y puedan ocupar su tiempo en actividades productivas”, dice un vendedor.

Diariamente reciben entre 25 y 30 denuncias de menores de edad incursos en microtráfico y robo en el bulevar, asegura una fuente policial. En la semana se hacen cerca de 10 detenciones de adolescentes que son llevados a retenes, pero a los pocos días salen a cometer infracciones otra vez.

Más temprano:

A seis se eleva el número de menores de edad detenidos por la muerte de los dos funcionarios del Ejército, ultimados a puñaladas a pocos metros de una tasca en el bulevar de Sabana Grande.

Las edades de los menores aprehendidos oscilan entre los 6 años y 15 años, edad de la jovencita que andaba con el grupo a la caza de víctimas para arrebatarles los bolsos y los celulares.

La información fue suministrada por Yulimar Borrero, hermana del sargento primero Johan Miguel Borrero, uno de los militares muertos a manos del grupo integrado por más de 12 menores de edad que forman parte de la banda Los Cachorros, que deambula por Plaza Venezuela y el bulevar de Sabana Grande. Borrero relató que su hermano estaba adscrito al Batallón Bolívar, destacado en Fuerte Tiuna, y desde hace varios años conocía al sargento segundo Andrés José Ortiz, que estaba destacado en Barcelona, pero que había viajado a Caracas para hacer un curso.

El sábado Johan invitó a su amigo José a la tasca El Coliseo. Estaban acompañados de otros militares que también habían asistido al local para compartir. Johan y José salieron a la puerta a fumarse un cigarrillo cuando dos pequeños, que no llegaban a 12 años de edad, se le acercaron y les arrebataron un bolso. Los funcionarios castrenses corrieron detrás de los menores para recuperar sus pertenencias. Al llegar a la esquina un grupo de 10 jóvenes más, entre niños y adolescentes, los cercaron. No dejaron que avanzaran. Los pequeños estaban armados con cuchillos con los que los atacaron.

“A mi hermano le dieron 9 cuchilladas. Una de ellas fue en el cuello, mientras que a su amigo lo cortaron en el pecho. Los compañeros que estaban dentro del negocio salieron y esa noche, en un principio, capturaron a dos y otros cuatro fueron detenidos el domingo por la policía”, explicó la mujer.

“Este doble crimen es una muestra de la falta de valores. Hay niños en situación de calle, abandonados por sus padres, que no tienen ningún tipo de orientación. Terminan convirtiéndose en delincuentes. Mi hermano viene de una familia humilde, pero que con trabajo nos hemos levantado, uno de mis hermanos es abogado y otro es médico. Johan optó por la carrera militar porque quería servirle al país, defender la soberanía y murió de esta forma, y a manos de unos niños que deberían jugar y no delinquir”, expresó.

Menores de edad, protegidos para delinquir

Los Cachorros asesinos de Sabana Grande:

La banda “Los Cachorros” opera entre Plaza Venezuela y Sabana Grande desde noviembre de 2016. Pero la sangre llegó al río, y al asfalto, cuando se estrenaron en el delito de homicidio el 19 de marzo enterrando puñales caseros en dos militares francos de servicio. Ya se habían hecho un nombre, a pesar de no existir denuncias formales contra ellos. Ahora el caso enfrenta un limbo, pues los menores de 14 años no pueden ser imputados, según la Lopna, sino sujetos de protección con medidas no determinadas.

No hubo tiempo para dudas. Tampoco para que el miedo los acobardara. Verse descubiertos y perseguidos por “la ley”, los empujó a actuar venciendo el temor y con precisión adulta. Primero corrieron, pero no fueron lo suficientemente rápidos y los dos militares lograron alcanzarlos tras el cruce de una esquina. Allí, justo cuando estaban a punto de ser aprehendidos, los cómplices de los dos niños aguardaban para el rescate y las arengas. Escudados tras una oncena de “Cachorros”, el dúo de zagaletones blandió sus armas domésticas y sin titubear, comenzaron la embestida contra aquellos dos sargentos del Ejército. El grupo de once niños —cuyas edades oscilaban entre seis y quince años— arengaban a los dos asesinos que, a pesar de que sus vidas apenas completaran tres lustros enteros, enterraban y desenterraban los cuchillos caseros con la fuerza que inyecta la ira, el odio, la adrenalina.

El alcohol, quizás, significó para los sargentos —Johan Borrero y Andrés Ortiz— la mengua de sus habilidades. Alguna copa pudo haber estado de más esa noche franca. El entrenamiento militar se nubló ante la emboscada. La saña, la sangre, la adrenalina y el odio fueron los protagonistas de aquel momento que terminó con vítores para los compinches e insultos para quienes comenzaban a desangrarse.

Los gritos de auxilio fueron acallados por el dolor y la perplejidad. El ruido dominante fueron las risas, las burlas, que hacían bailar las figuras rojas y cambiantes que se esparcían en las ropas de las víctimas. Así llegó la última embestida: la afilada hoja atravesó de lado a lado el cuello del sargento Borrero y ya no hubo fuerzas para intentar defenderse. La celebración distrajo a los perpetradores y Ortiz aprovechó para zafarse y, con dificultad, intenta correr unos metros para pedir ayuda. Pero la herida del pecho era profunda y profusa… el aire ya no era suficiente y sus piernas flaqueaban mientras su camisa se impregnaba. Ya no podía más y en la esquina Pascual Navarro, cruce con avenida Francisco Solano, el de 23 años se desvaneció.

“Los Cachorros” volvieron a celebrar hasta emprender su partida, confiados de su logro. Eran las 3:15 de la mañana del domingo 19 de marzo, y en el bulevar de Sabana Grande de Caracas una banda de niños preadolescentes dejó tendidos dos cadáveres, dos “representantes de la ley”, dos militares.

Borrero y Ortiz estaban en la tasca Coliseo de Plaza Venezuela, muy cerca de la sede principal del Servicio de Emergencias 171. Ambos salieron a fumarse par de cigarrillos y, mientras lo hacían, los dos niños le arrebataron a uno de ellos el bolso que cargaba. Los formados en cuarteles, vestidos de civil, emprendieron la persecución, una carrera para recuperar lo robado y aprehender a los muchachos. No pudieron.

Adentro del local la música hacía bailar la extrañeza. Los amigos, todos militares, notaron la prolongada ausencia. Ante la tardanza, relataron algunos familiares a varios medios de comunicación, salieron a ver qué ocurría y a pocos metros del local ubicaron a Borrero. Algunos metros más lo separaban de Ortiz, aún moribundo. A él lo llevaron a un centro asistencial con premura, mientras otros integrantes del grupo emprendieron caza contra los culpables. Así capturaron a dos de los presuntos involucrados: una joven de 15 años y un niño de 10. Según la información que ellos mismos relataron, la jovencita es la líder de la banda.

–Bien merecido que se lo tenían los becerros esos, por malditos violadores -dijo entre risa siniestra y ojos de odio la joven mientras esperaba su traslado al tribunal, explicaron fuentes ligadas a la custodia.

Según repetía la muchacha desde el absoluto resentimiento, las víctimas habrían abusado de jovencitos en aquellas calles. Sin embargo, tal premisa no ha sido corroborada por las autoridades. Hasta ahora, seis detenidos han sido puestos a la orden de los juzgados, todos entre seis y 15 años de edad.

Estreno doble:

El doble homicidio del domingo 19 de marzo es el primero que se registra a manos de “Los Cachorros”, una banda que opera, según información policial y algunos comerciantes de la zona que prefieren el anonimato, desde noviembre de 2016. Se trata de un grupo de por lo menos 25 integrantes, todos jovencitos. El hombre y la mujer nueva, nacidos en revolución.

Operan de día y de noche, y su zona de operatividad se extiende desde Plaza Venezuela hasta Sabana Grande. Los tentáculos, sin embargo, alcanzan Chacao y Altamira. Los más pequeños sirven de señuelo. Son los encargados de producir lástima en sus víctimas pidiéndoles comida o dinero para alimentarse. Cuando algún incauto se detiene creyendo que va a ayudar a unos indefensos famélicos, los más grandecitos estudian a la persona y pasan información a los adolescentes, los más robustos de la pandilla. Los infantes aceptan la ayuda, un dulce no se niega, y la víctima retoma su camino solo para ser emboscada y conminada a entregar su celular y el efectivo del que disponga.

La actuación es movible:

Si la presencia policial es nutrida, los niños migran a lugares menos resguardados, y si no consiguen burlar a los uniformados, se pasean por callejuelas y transversales aplicando un plan b: revisar a través de las ventanillas el interior de los carros estacionados en la calle. Si algo llama su atención, rompen un vidrio y cargan con lo que les interese. De acuerdo al balance policial del Cuerpo de Investigaciones Penales y Criminalísticas y de la Policía Nacional Bolivariana, estos jóvenes pueden cometer 12 robos y ocho hurtos diarios, y de manera continuada pues operan de lunes a lunes con turnos establecidos para cubrir no dejar hora muerta. Se trata de datos estimados, porque hasta ahora no se registra denuncia formal alguna sobre su actuación.

El génesis:

La información sobre el origen de estos niños es contradictoria. Fuentes policiales consultadas por Clímax aseguran que son hijos de habitantes de los edificios de la Misión Vivienda erigidos a lo largo de las avenidas Libertador y Solano López. Otros indican que los chamos llegan desde los Valles del Tuy. La tercera hipótesis es que se trata de muchachos huérfanos y abandonados a su suerte.

Para el abogado penalista y criminólogo Luis Izquiel, la operatividad de esta banda es un reflejo de la descomposición social que se agudiza en Venezuela. “Ya nada nos sorprendía, ni los 78 homicidios diarios, ni los secuestros, ni tampoco los linchamientos… pero ocurre esto y sí nos llegamos a preocupar como sociedad. No creo que haya llegado al límite de sorprender, pero sí de preocupar, sobre todo porque es algo que demuestra la grave crisis económica, social y judicial que estamos viviendo. Que unos niños hayan matado a dos militares que se supone están entrenados, causa estupor, preocupación y miedo. No solo porque con esto se haya terminado de desmoronar la imagen de autoridad que alguna vez tuvieron los militares, sino que nos muestra descarnadamente cuan vulnerables somos los civiles”, argumenta.

El especialista afirma, además, que el suceso es un reflejo de familias desestructuradas, embarazo precoz, abandono, hambre, droga, alcohol y especialmente de falta de políticas públicas que atiendan a la infancia. Por eso recuerda que el entramado jurídico no proporciona ningún tipo de posibilidad de corrección, ni reinserción. “La ley indica que todo niño menor de 14 años detenido por cometer algún delito no puede ser imputado en un tribunal. Sobre él solo recaerán medidas de protección que en la Ley Orgánica de Protección del Niño y el Adolescente no quedan claras. El Estado tampoco cuenta con infraestructuras como para ofrecer esas medidas con atención y asistencia profesional para convertir a estos niños en gente de bien”.

El abogado detalla, sin embargo, que “todo aquel que sea mayor de 14 años y hasta los 18 años sí puede enfrentar cargos en un tribunal de menores y purgar una condena máxima de 10 años. Pero, la situación es la misma: no hay centros habilitados y equipados, ni tampoco con recurso humano suficiente y preparado para reformar”, concluye Izquiel. La desesperanza cunde en las calles, en una sociedad cercada por los perros de la delincuencia, y víctima también de sus cachorros.

Detuvieron al cabecilla de una banda de homicidas en El Valle:

Miguel Ángel Sánchez Pedrique, cabecilla de la banda delictiva Del Vengas fue detenido este viernes a las 7:00pm por funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana en el callejón El Cucaracho de El Valle. Vecinos de la zona denunciaron que el delincuente se encontraba ingiriendo licor en una bodega de la zona y se activó un operativo con la participación de 12 uniformados que lo capturaron. Sánchez estaba solicitado por los delitos de homicidios, tráfico de drogas, robo y secuestro. En otro procedimiento practicado en la calle Fátima del sector Bruzual de El Valle fue capturado Javier Castillo Tovar, quien dirigía otra organización dedicada a extorsión y secuestro en la parroquia.

*Natalia Matamoros. Periodista egresada UBA, locutora UCV, viajera empedernida, de espiritu alegre y soñador.
Por: Natalia Matamoros
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nmatamoros@el-nacional.com
MARÍA ISOLIETT IGLESIAS
@isoliett
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Nueva Esparta, sabado 25 de marzo 2017

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